En el corazón de la Ciudad de Oaxaca, dentro de un jardín íntimo rodeado de vegetación nativa y luz cálida, una pareja decidió unir sus vidas a través de una ceremonia prehispánica. Más que un evento convencional, fue un acto sagrado de intención — una unión arraigada en la sabiduría ancestral y el respeto por los elementos.